27 de febrero de 2014

Kepler y sus 715 nuevos mundos

Lanzado en marzo de 2009, el Observatorio Espacial Kepler es la primera misión de la NASA para encontrar exoplanetas potencialmente habitables. En su afán por hallar nuevos mundos los científicos de la misión anunciaron  el pasado miércoles el descubrimiento de 715 nuevos exoplanetas. Estos nuevos mundos orbitan a 305 estrellas, confirmando la existencia de sistemas planetarios múltiples parecidos a nuestro sistema solar.

Cerca del 95% de estos planetas son más pequeños que Neptuno, que tiene casi cuatro veces el tamaño de la Tierra. Este descubrimiento representa un incremento significativo en el número de exoplanetas conocidos de pequeño tamaño.

Gráfico donde se muestra el número de descubrimientos de exoplanetas por año durante las dos últimas décadas. La barra azul muestra descubrimientos ajenos a Kepler, siendo los descubiertos por la sonda mostrados por la barra roja. La barra naranja muestra los 715 nuevos exoplanetas. Créditos: de la imagen: NASA Ames/SETI/J. Rowe.

"El equipo de Kepler continua asombrado con los resultados de búsqueda de planetas" dice John Grunsfeld, administrador asociado del SMD (Science Mission Directorate) de la NASA en Washington (Estados Unidos). "El hecho de que estos nuevos planetas y sistemas solares se parezcan un poco a los nuestros, augura un gran futuro para cuando el Telescopio Espacial James Webb esté en el espacio y pueda caracterizar estos nuevos mundos", añade.

La nueva herramienta
Desde el descubrimiento de los primeros exoplanetas han pasado dos décadas y la verificación de cada uno de ellos se ha realizado uno por uno. Ahora, los científicos tienen una técnica estadística que se puede aplicar a muchos planetas simultáneamente en el caso de encontrar sistemas que alberguen más de un planeta.

Para verificar esta gran cantidad de planetas, un equipo de investigadores co-dirigido por Jack Lissauer del Ames Research Center de la NASA en Moffett Field (California), analizó las estrellas observadas por el Kepler entre mayo de 2009 y marzo de 2011 que potencialmente pudiesen tener más de un exoplaneta.

El equipo de investigadores utilizó una técnica llamada "verificación por multiplicidad", basada en la lógica de la probabilidad. Kepler observa 150.000 estrellas y entre ellas ha encontrado unas pocas miles que pueden tener candidatos a exoplanetas. Si los candidatos se distribuyen al azar entre estas estrellas, tan sólo unas pocas tendrían más de un candidato a exoplaneta. Sin embargo, Kepler ha observado cientos de estrellas que tienen múltiples candidatos a exoplanetas. A través de un cuidadoso estudio de esta muestra, se verificaron estos 715 nuevos planetas.

Representación artística de sistemas planetarios múltiples transitando su estrella según nuestro punto de vista. Créditos: NASA. 

"Hace cuatro años, Kepler comenzó anunciando los primeros cientos de candidatos a exoplaneta, luego miles, pero no eran más que candidatos", dice Lissauer. "Ahora hemos desarrollado un proceso para verificar candidatos a exoplanetas en sistemas múltiples", añade.

Estos sistemas de múltiples exoplanetas son un terreno fértil para el estudio tanto de los planetas individualmente como de su configuración como sistema, proporcionando pistas sobre la formación planetaria.
El tamaño de los nuevos mundos
Cuatro de estos nuevos planetas son menores que 2.5 veces el tamaño de la Tierra y su órbita se encuentra en la zona de habitabilidad de su estrella, por lo que alguno de estos planetas podría tener agua líquida en su superficie.
Gráfico donde se muestra la cantidad de exoplanetas clasificados por tamaño. Las barras azules representan todos los exoplanetas conocidos antes del anuncio del descubrimiento de los 715 nuevos mundos. Las barras de color naranja muestran los recién descubiertos en relación con su tamaño. Créditos: NASA Ames/W. Stenzel.
Uno de estos planetas, llamado Kepler-296f, orbita a una estrella cuyo tamaño es la mitad de nuestro Sol pero su brillo es un 5% mayor. El tamaño del exoplaneta Kepler-296f es el doble que el de la Tierra, pero los científicos no saben todavía si se trata de un mundo gaseoso con una envoltura de hidrógeno y helio o se trata de un mundo cubierto de agua.

"A partir de este estudio hemos aprendido que estos planetas en sistemas múltiples son pequeños y sus órbitas son planas y circulares", dijo Jason Rowe, co-líder de la investigación y científico en el SETI Institute en Mountain View (California).

Con este último hallazgo, la cuenta de exoplanetas confirmados asciende a casi 1700. En nuestro camino por llegar a las estrellas, cada descubrimiento nos acerca un paso más a una comprensión más exacta de nuestro lugar en la galaxia.

Para terminar, me gustaría usar una de las frases que ha pronunciado Jason Rowe: 
"Cuanto más exploramos, más veces nos encontramos con rastros conocidos de nosotros mismos entre las estrellas, recordándonos a casa."

El equipo está compuesto por Jack J. Lissauer (NASA Ames Research Center), Jason F. Rowe (NASA Ames Research Center y SETI Institute), Geoffrey W. Marcy (Astronomy Department, University of California), Stephen T. Bryson (NASA Ames Research Center), Daniel Jontof-Hutter (NASA Ames Research), Eric Agol (Department of Astronomy, University of Washington), William J. Borucki (NASA Ames Research Center), Joshua A. Carter (Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics), Eric B. Ford (Department of Astronomy and Astrophysics and Center for Exoplanets and Habitable Worlds, Penn State University), Ronald L. Gilliland (Department of Astronomy and Astrophysics and Center for Exoplanets and Habitable Worlds, Penn State University), Rea Kolbl (Astronomy Department, University of California), Kimberly M. Star (Department of Astronomy and Astrophysics and Center for Exoplanets and Habitable Worlds, Penn State University), Jason H. Steffen (Department of Physics & Astronomy/CIERA, Northwestern University), Guillermo Torres (Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics), Fergal Mullally (NASA Ames Research Center, SETI Institute), Howard Issacson (University of California), Steve B. Howell (NASA Ames Research Center), Michael Haas (NASA Ames Research Center), Daniel Huber (NASA Ames Research Center y NASA Postdoctoral Program), Jason H. Steffen (Department of Physics & Astronomy/CIERA, Northwestern University y Lindheimer Fellow), Susan E. Thompson (NASA Ames Research Center y SETI Institute), Elisa Quintana (NASA Ames Research Center y SETI Institute), Thomas Barclay (NASA Ames Research Center y Bay Area Environmental Research Institute), Martin Still (NASA Ames Research Center y Bay Area Environmental Research Institute), Jonathan Fortney (Department of Astronomy and Astrophysics, University of California), T. N. Gautier III (Jet Propulsion Laboratory, Caltech), Roger Hunter (NASA Ames Research Center), Douglas A. Caldwell (NASA Ames Research Center y SETI Institute), David R. Ciardi (NASA Exoplanet Science Institute, Caltech), Edna Devore (SETI Institute), William Cochran (Department of Astronomy and McDonald Observatory, University of Texas), Jon Jenkins (NASA Ames Research Center y SETI Institute) y John Geary (Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics).
Nota de prensa original:

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19 de febrero de 2014

Luz verde a PLATO

Pues sí, la misión PLATO (PLAnetary Transits and Oscillations of stars) ha sido aprobada como la próxima misión M3 (tamaño medio, con un coste inferior a 600 millones de euros) de la ESA (Agencia Espacial Europea). Así lo ha dictaminado el Science Programme Commitee de la Agencia como parte del programa Cosmic Vision que define las prioridades científicas para los próximos 20 años.

Concepción artística de PLATO. Créditos: ESA.

Con esta decisión, PLATO será la tercera M3 de la ESA junto con la misión Solar Orbiter que se lanzará en 2017 para estudiar el Sol y Euclid que se lanzará en 2020 para estudiar la energía oscura del universo.

La misión PLATO puede considerarse como el siguiente estadio de investigación exoplanetaria tras el Observatorio Espacial Kepler de la NASA que dejó de funcionar en mayo del pasado año localizando más de 2700 candidatos a exoplaneta. Al igual que Kepler, esta nueva misión también localizará exoplanetas por el método de tránsito y a lo largo de su misión analizará aproximadamente un millón de estrellas.
 
Curvas de luz realizadas a partir de los tránsitos exoplanetarios detectados por Kepler. Créditos: NASA/Kepler.

Planetas Tierra

Con esta nueva misión se analizarán estrellas cercanas similares a nuestro Sol y tendrá la capacidad de analizar planetas similares a la Tierra que se encuentren orbitando en la zona de habitabilidad. Averiguar si existe agua líquida en su superfice y ver cuáles reúnen las condiciones de ser potencialmente habitables también forma parte de sus objetivos.

Pero la capacidad de PLATO no quedará ahí. Dada a la sensibilidad de los instrumentos que serán embarcados en la misión, nos permitirá detectar las tan ansiadas exolunas, es decir, las lunas que tiene un exoplaneta orbitando a su alrededor.

Representación artística del exoplaneta tipo Tierra Gliese 667Cc situado a 22 años luz en la constelación de Escorpio. Créditos: ESO/L- Calçada.

Participación española

La participación española está representada por investigadores de AstroMadrid y del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) coordinados por J.M. Mas Hesse (Centro de Astrobiología, CSIC-INTA). Esta participación se traduce en una importante contribución al desarrollo de la instrumentación ya que el equipo español es el responsable del diseño y fabricación de la estructura de las cámaras CCD que equiparán PLATO. El conjunto de cámaras es el más grande enviado al espacio: 136 CCDs de 20 megapíxeles cada una. Juntas todas ellas cubren una superficie de 0.9 metros cuadrados.

PLATO es un concepto de telescopio espacial tan simple como novedoso: se utilizará un conjunto de 34 telescopios individuales de sólo 12 cm de diámetro montados sobre la plataforma española. Destacar que los ordenadores de a bordo que procesarán las imágenes obtenidas por estas cámaras también son españoles.

Telescopio de 3.5 metros de Calar Alto. Créditos: CAHA.

Los 16 ordenadores tendrán que procesar una gran cantidad de información ya que cada telescopio generará una imagen de 80 megapíxeles con una cadencia de 25 segundos y deberán ser analizadas de manera automática.

La comunidad española no sólo participa en la instrumentación sino que también lo hace en el consorcio internacional PLATO con más de diez paquetes de trabajo para la preparación científica de la misión, tratamiento, análisis e interpretación de los datos.

Desde la Tierra, España ofrecerá apoyo y seguimiento con instrumentos como CARMENES en el telescopio de 3.5m de Calar Alto (Almería) o HARPS-N en el Telescopio Nazionale Galileo en el Observatorio del Roque de Los Muchachos (Islas Canarias).

Trazos estelares tomados desde el interior de la cúpula del Telescopio Nazionale Galileo. Créditos: IAC.

La participación española no ha sido fortuita, sino que es fruto de la experiencia adquirida en proyectos como CoRoT y Kepler, donde la nuestra participación ha sido fundamental y ha asegurado un retorno científico para nuestro país.

Ciencia con PLATO

Según las estimaciones que se han hecho para la misión, se cree que en sus tres primeros años de producción científica ya habrá descubierto cientos de planetas similares a la Tierra a una distancia dentro de los límites de la zona de habitabilidad.

Combinando estos datos con otros obtenidos desde la Tierra, PLATO tendrá la capacidad de medir tamaños, masas y edades de los exoplanetas que detecte, comparando los resultados con nuestro propio Sistema Solar y con el resto de nuevos mundos que  vaya detectando.

Impresión artística del E-ELT. Créditos: ESO.

Gracias a la sensibilidad de sus instrumentos, al fin podremos saber cómo de común es nuestro Sistema Solar en general y nuestro planeta en particular, comprendiendo mejor cómo se forman y evolucionan los mundos de nuestra galaxia, incluso estimar las posibilidades de que hayan desarrollado seres vivos.

La ciencia de PLATO también se apoyará en el E-ELT (European Extremely Large Telescope) del ESO (European Southern Observatory) y en el JWST (James Webb Space Telescope) de NASA y ESA ya que con ellos se analizará la composición química de los exoplanetas que PLATO haya detectado. 

Ensamblaje de 6 de los 18 espejos que compondrán el JWST. Durante pruebas criogénicas, los espejos son sometidos a temperaturas de 24 Kelvin, lo que permite a los ingenieros medir en detalle cómo se deforma el espejo conforme baja la temperatura. Créditos: NASA/MSFC/David Higginbotham/Emmett Given

Para terminar...

El camino de PLATO no ha sido fácil. A la fase final llegaron también otras misiones: MarcoPolo-R, Echo, Loft y STE-Quest, pero fue PLATO la que salió vencedora. Ahora habrá que esperar hasta 2024 que será cuando la misión empiece a funcionar en modo científico. Para este fin, deberá situarse en el punto de Lagrange L2.

La mejor de las suertes para esta misión, no sólo en su viaje hacia el espacio, sino en las fases que preceden al lanzamiento y que no sufra retrasos, sobre todo retrasos económicos que son los más perjudiciales.

Fuentes:

Enlaces de interés:

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13 de febrero de 2014

El primer mapamundi de Ganímedes

Desde su descubrimiento en enero de 1610 Ganímedes ha sido foco de observación en repetidas ocasiones. Hoy sabemos que es el satélite más grande del sistema solar y su estudio se llevo a cabo primero usando telescopios desde tierra y más tarde se fueron complementando con misiones de sobrevuelo y orbitadores alrededor de Júpiter.
Desde que se analizaron los primeros resultados científicos, el satélite se muestra como un complejo mundo helado contrastado por dos tipos de terreno: antiguas zonas oscuras altamente craterizadas y las regiones más claras, más jóvenes y surcadas de líneas.
El mapamundi
Ahora, y gracias al esfuerzo de un grupo de científicos liderados por por Geoffrey Collins del Wheaton College en Norton, Massachusetts (Estados Unidos) ya podemos disfrutar del mapamundi geológico más completo del satélite. Para ello han combinado las mejores imágenes obtenidas en los sobrevuelos realizados por las sondas Voyager 1 y 2 de la NASA (1979), así como por el orbitador Galileo (desde 1995 a 2003), también de la agencia estadounidense.
Mosaico de imágenes del mapa geológico global de Ganímedes. Créditos: USGS Astrogeology Science Center/Wheaton/NASA/JPL-Caltech.

Debido a la calidad del trabajo, el mapamundi ha sido publicado por el U.S. Geological Survey. Ilustra de manera muy técnica el variado carácter geológico de la superficie helada de Ganímedes. Este mapa está disponible para su descarga en esta dirección web:
"Este mapa ilustra la increíble variedad de características geológicas de Ganímedes y ayuda a poner un poco de orden en el aparente caos de su compleja superficie", afirma Robert Pappalardo del JPL (Jet Propulsion Laboratory) de la NASA en Pasadena, California (Estados Unidos). "Está ayudando a los científicos planetarios a descifrar la evolución de este mundo helado y ayudará en las observaciones de las próximas sondas espaciales", añade.
Ganímedes y sus períodos geológicos
Según los científicos que han construido este mapa, se han identificado tres grandes periodos geológicos: un de gran actividad en la formación de cráteres de impacto, otro de gran agitación tectónica, y por último, un descenso de la actividad geológica. Usando el mapa, permitirá a los científicos estudiar estos períodos geológicos por primera vez en un objeto del sistema solar exterior.
Imagen tomada por la sonda Galileo donde se muestra una cadena de impactos cuyo origen puede ser similar al SL9 producido en Júpiter por el cometa Shoemaker Levy 9 en 1994. Créditos: Galileo Project, Brown University, JPL, NASA.

"La alta calidad y el colorido del mapa han servido para confirmar una serie de hipótesis científicas en relación a la historia geológica de Ganímedes, y también para descartar otras", dice Baerbel Lucchitta, científico emérito del U.S. Geological Survey en Flagstaff, Arizona (Estados Unidos), que, desde 1980, ha estado involucrado en el cartografiado geológico de Ganímedes. "Las imágenes más detalladas de la sonda Galileo mostraron que el criovulcanismo o la creación de volcanes que tienen erupciones de agua y hielo, son muy raros en Ganímedes", afirma Lucchitta.
Este mapa geológico de Ganímedes permitirá a los investigadores comparar los caracteres geológicos de otras lunas heladas del sistema solar exterior porque casi cualquier tipo de característica vista en otros satélites helados tiene su correspondencia en algún lugar de Ganímedes. "La superficie de Ganímedes es más de la mitad del tamaño de las superficies emergidas de la Tierra, por lo que existe una gran diversidad de lugares para elegir", afirma Collins.
El futuro
La misión Juice (Jupiter Icy Moons Explorer) de la ESA (Agencia Espacial Europea) cuyo objetivo será explorar las lunas heladas del sistema de Júpiter, está programado para ser puesta en órbita alrededor de Ganímedes en 2032. Será el colofón a la investigación de Ganímedes y aportará nuevos y más completos datos del satélite.

Representación artística de la misión Juice. Créditos: ESA/AOES.

Los astrónomos aficionados podrán observar Ganímedes con un pequeño telescopio, incluso con unos prismáticos medianos siempre que Júpiter sea visible en el cielo y el satélite no esté eclipsado por el gran gigante gaseoso. Además de Ganímedes también se pueden observar los otros tres galileanos: Io, Europa y Calixto.
El proyecto fue financiado por la NASA a través de sus programas Outer Planets Research y Planetary Geology and Geophysics. Es administrado por el JPL de la NASA en el California Institute of Technology en Pasadena (Estados Unidos).
Fuentes:
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11 de febrero de 2014

Los RSL y los indicios de agua líquida en Marte

Un orbitador de la NASA ha aportado claves para la mejor comprensión de las características estacionales de Marte ya que son la indicación más fuerte de la existencia de agua líquida en el presente del planeta rojo.

Estas características se muestran en forma de alargadas marcas oscuras que avanzan por algunas laderas marcianas cuando las temperaturas suben, por lo tanto los cambios estacionales tienen repercusión, pero también se aprecian en los cambios en minerales de hierro y en la temperatura del suelo. Esto sugiere que agua salada fluye en determinadas estaciones debido a un sistema anticongelante formado por minerales de hierro como el sulfato férrico. Aunque hay más explicaciones, ésta es la más sólida.

Los investigadores llaman a estas marcas oscuros "líneas de pendiente recurrente" o RSL por sus siglas en inglés (recurring slope lineae). Tras el hallazgo, las RSL se han convertido en una de las siglas más nombradas en las reuniones científicas de Marte.

Codificación por colores de las RSL descubiertas en Marte. Créditos: NASA/JPL-Caltech/UA/JHU-APL.

"Todavía no tenemos una prueba irrebatible de la existencia de agua en las RSL, aunque no conocemos otro proceso similar que se lleve a cabo sin la presencia de agua.", afirma Lujendra Ojha, estudiante de postgrado en el Georgia Institute of Technology en Atlanta (Estados Unidos) y autor de dos nuevas investigaciones sobre las RSL. Ojha descubrió estas marcas hace tres años mientras estudiaba en la University of Arizona en Tucson (Estados Unidos) las imágenes de la cámara HiRISE (High Resolution Imaging Science Experiment) embarcada en la sonda MRO (Mars Reconnaisance Orbiter) de la NASA 

Ojha y el profesor asistente James Wray del Georgia Tech analizaron recientemente los 13 sitios donde aparecen RSLs, esta vez tomadas con el instrumento CRISM (Compact Reconnaissance Imaging Spectrometer for Mars), también a bordo de la MRO. En estas imágenes buscaron minerales que las RSL pueden dejar a su paso para de esta forma entender si finalmente las RSL están relacionadas con la existencia de agua líquida.

En la investigación no encontraron ninguna firma espectral ligada al agua o a sales. Pero sí encontraron firmas espectrales distintas y coherentes de minerales férricos y ferrosos en la mayoría de los casos siendo el grano de estos minerales era de distinto tamaño en las zonas ligadas a las RSL. Estos resultados han sido publicados en el artículo "Spectral constraints on the formation mechanism of Recurring Slope Lineae" de la revista Geophysical Research Letters.

RSL formados durante la estación cálida marciana. Créditos: NASA/JPL-Caltech/Univ. of Arizona.

"Al igual que los propios RSL, la solidez de las firmas espectrales varían según las estaciones del año. Son más fuertes cuando hace más calor y más débiles cuando hace frío", afirma Ojha. Una posible explicación para estos cambios podrían ser procesos que tienen lugar con cambios de humedad. Otras dos posibles explicaciones son el aumento en la componente férrica de los minerales más oxidados o un oscurecimiento general debido a la humedad. Cualquiera de ellas apunta al agua, a pesar de que se han detectado directamente sin ella.

Puede ser que la ausencia de trazas de agua en las observaciones espectrales sea debido a que los flujos oscuros son mucho más estrechos que el área de muestreo de cada lectura del instrumento CRISM. Además, las observaciones orbitales se han realizado sólo en las tardes marcianas y podrían haber perdido la humedad de la mañana.

Impresión artística de la sonda MRO de la NASA. Créditos: Corby Waste, NASA JPL.

La hipótesis principal es un flujo de agua que se sitúe bajo tierra próximo a la superficie manteniéndose líquida debido a las sales disueltas disminuyendo su punto de congelación. "El flujo de agua, incluso el agua salada, sería un descubrimiento importante en cualquier lugar de Marte, afectando a nuestra comprensión del cambio climático actual y, posiblemente, indicando posibles lugares aptos para la vida cercanos a la superficie del Marte actual", afirma Richard Zurek, científico del proyecto MRO del JPL (Jet Propulsion Laboratory) de la NASA en Pasadena (Estados Unidos).

Científicos del Georgia Tech, University of Arizona, U.S. Geological Survey y la Polish Academy of Sciences de Varsovia (Polonia) utilizan el orbitador Mars Odyssey de la NASA y el propio MRO y han realizado una investigación relacionada que será publicada el mes próximo en el artículo "HiRISE observations of recurring slope Lineae (RSL) during Southern Summer on Mars" en la revista Icarus donde se ofrecerán más resultados que hacen indicar que hay muchos más sitios en Marte cuyas condiciones son favorables a la aparición de estos RSL.
Impresión artística de la sonda Mars Odyssey de la NASA. Créditos: NASA.

En la investigación se han escrutado áreas teóricamente compatibles con la formación de RSL situadas en en acantilados rocosos donde encontraron unos 200 lugares compatibles. "Tan sólo en 13 de ellas se confirmaron RSL", comenta Ojha. "El hecho de que las RSL se produzcan en algunos sitios y no en otros depende de factores adicionales que desconocemos, como podrían ser la disponibilidad de agua o sales que pueden desempeñar un papel crucial en la formación de RSL", añade. Además, compararon las nuevas observaciones con las de años anteriores, revelando que las RSL son mucho más abundantes unos años que otros.

"A la NASA le gusta perseguir el agua en la exploración del planeta rojo, por lo que nos gustaría saber de antemano cuándo y dónde aparecerá", comenta Wray. "Las RSL han reavivado la esperanza de acceder a aguas actuales, pero la previsión de condiciones de humedad sigue siendo un desafío", añade.

Esperemos que pronto puedan dar la gran noticia del hallazgo de agua líquida en Marte. Y si es salada o no, es lo de menos.


Artículos científicos relacionados:
http://wray.eas.gatech.edu/Ojha_etal2013-acceptedGRL.pdf
http://wray.eas.gatech.edu/Ojha_etal2014-acceptedIcarus.pdf

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6 de febrero de 2014

Nuevo cráter en Marte

Marte, como cualquier cuerpo rocoso del sistema solar y de cualquier otro sistema planetario, es un objetivo potencial de impactos meteoríticos. En el caso de Marte, se crean unos 200 nuevos cráteres cada año y algunos de estos impactos son muy llamativos, como el que publicó ayer la NASA.

Nuevo cráter de impacto hallado en la superficie de Marte. Créditos: NASA/JPL/La Universidad de Arizona.

La imagen de la cámara HiRISE (High Resolution Imaging Science Experiment) a bordo del MRO (Mars Reconnaissance Orbiter) de la NASA muestra una gran zona de impacto con líneas radiales y materiales secundarios que han salido disparados alrededor de un cráter de aproximadamente 30 metros de diámetro.

La explosión producida ha expulsado materiales incluso a 15 kilómetros de distancia. Debido a que el terreno donde se formó el cráter está cubierto de polvo, el cráter aparece de color azul en la imagen de color mejorado debido a la ausencia de polvo rojizo.

Imagen en blanco y negro de la zona del impacto. Créditos: NASA/JPL/University of Arizona.

Esta nueva cicatriz del planeta rojo apareció en algún momento entre julio de 2010 y mayo de 2012. Al detectar el impacto, los científicos comenzaron a adquirir imágenes el pasado 19 de noviembre.

Como véis, el sistema solar aun nos puede sorprender con estos impactos. Suerte que nosotros tenemos atmósfera que nos proteje de impactos menores como éste producido en Marte.

Fuentes:

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5 de febrero de 2014

El planeta del clima extremo

Imagina vivir en un planeta con un  clima tan errático en el que no sabrías si salir a la calle en pantalón corto o con un abrigo de frío extremo. Así es este raro y inestable mundo recién descubierto por el observatorio espacial Kepler de la NASA.

Este exoplaneta, llamado Kepler-413b, experimenta un salvaje movimiento de bamboleo sobre su eje -llamado movimiento de precesión- que recuerda a una peonza cuando está a punto de dejar de girar. La inclinación del eje de rotación de este planeta puede variar hasta 30 grados en un período de 11 años, dando lugar a cambios rápidos e imprevisibles en las estaciones. Como comparación, la precesión de la Tierra es de 23.5 grados en un período de 26.000 años, así que es normal que los investigadores estén sorprendidos de la magnitud que presenta la precesión de este nuevo mundo.

Representación de la inusual órbita del exoplaneta Kepler-413b girando alrededor de su sistema binario de estrellas. Créditos: NASA/ESA/A. Feild (STScI).

Kepler-413b se encuentra a 2300 años luz de distancia en dirección a la constelación del Cisne y orbita sobre un sistema binario de estrellas cada 66 días. Una de las estrellas es anaranjada; la otra, una enana roja. Además del eje del planeta, su órbita alrededor de las estrellas también parece tambalearse ya que el plano de su órbita está inclinado 2.5 grados con respecto al plano orbital de las dos estrellas, así que visto desde la Tierra la órbita del exoplaneta se mueve hacia arriba y hacia abajo de forma continua.

El observatorio espacial Kepler busca planetas mediante el tránsito, esto es, viendo el oscurecimiento de la estrella cuando el planeta pasa por delante de ella. Generalmente, estos tránsitos funcionan como un reloj, son muy precisos; el caso de Kepler-413b no lo es. Sobre él se encontró un patrón inusual y raíz de esto se descubrió el bamboleo de su órbita.

Campo de visión del Observatorio Espacial Kepler. Créditos: Software Bisque.

"Analizando los datos del Kepler a lo largo de 1500 días, pudimos observar tres tránsitos en los primeros 180 días, uno cada 66 días. Luego estuvimos 800 días sin observar tránsito alguno. Luego, vimos 5 tránsitos seguidos", afirma el investigador principal del estudio Veselin Kostov, del Space Telescope Science Institute y de la Johns Hopkins University en Baltimore (Estados Unidos). Debido a la oscilación de la órbita, el próximo tránsito del exoplaneta se prevé que no será visible desde la Tierra hasta el año 2020.

Los astrónomos todavía están tratando de explicar por qué este planeta no está alineado orbitalmente con sus estrellas. Tal vez sea por la existencia de otros cuerpos planetarios en el sistema que hacen que su órbita se incline. O tal vez, sea que una tercera estrella cercana pueda estar unida gravitatoriamente al sistema y sea ésta la que provoque las anomalías orbitales.
Representación artística del observatorio espacial Kepler. Créditos: NASA.

"Tal vez existan planetas similares a éste [en referencia a Kepler-413b] que no podemos ver porque estamos en un período no favorable", explica Peter McCullough, miembro del equipo que ha llevado a cabo la investigación. "Y esa es una de las cosas que Veselin está investigando: ¿hay una mayoría silenciosa de cosas que no estamos viendo?", añade Mc Cullough. Y si la respuesta a la pregunta es afirmativa, eso quiere decir que hasta que el tránsito no sea visible desde nuestro planeta debido a sus oscilaciones, no podremos detectarlos, al menos por el método del tránsito.

Incluso con sus cambios de estación, Kepler-413b es un exoplaneta demasiado caliente para la vida tal como la conocemos en nuestro planeta. Debido a que orbita tan cerca de las estrellas, sus temperaturas son demasiado elevadas para que exista agua en estado líquido, haciéndolo inhabitable. Por su tamaño, es considerado un "súper-Neptuno", un planeta con una masa 65 veces superior a la de la Tierra compuesto de gas, por lo tanto, tampoco habría una superficie sólida sobre la que sostenerse.
Los resultados de esta investigación se han publicado en la revista Astrophysical Journal en el artículo “Kepler-413b: a slightly misaligned, Neptune-size transiting circumbinary planet”, por V. Kostov et al.

El equipo está compuesto por V. B. Kostov (Department of Physics and Astronomy, Johns Hopkins University; Space Telescope Science Institut; NASA Earth and Space Science Graduate Fellow), P. R. McCullough (Department of Physics and Astronomy, Johns Hopkins University; Space Telescope Science Institut), J. A. Carter (Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics; Hubble Fellow), M. Deleuil (Laboratoire d’Astrophysique de Marseille), R. F. Díaz (Laboratoire d’Astrophysique de Marseille), D. C. Fabrycky (Department of Astronomy and Astrophysics, University of Chicago), G. Hébrard (Institut d'Astrophysique de Paris, Université Pierre & Marie Curie; Observatoire de Haute-Provence, Université d'Aix-Marseille), T. C. Hinse (Korea Astronomy and Space Science Institute; Armagh Observatory), T. Mazeh (Department of Astronomy and Astrophysics, Tel Aviv University), J. A. Orosz (Department of Astronomy, San Diego State University), Z. I. Tsvetanov (Department of Physics and Astronomy, Johns Hopkins University) y W. F. Welsh (Department of Astronomy, San Diego State University).

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