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19 de noviembre de 2014

Así dan vueltas los cuásares

Hoy toca volver a hablar de los cuásares. No es la primera vez que os hablo de estos inmensos agujeros negros que reinan en el interior de galaxias. Paradójicamente el hecho de que sean negros no les impide brillar. De hecho con su brillo eclipsan a todas las estrellas situadas a cientos de miles de años luz a su alrededor. Esto es debido a cómo interactúan con el material que los rodea porque, no son ellos los que brillan, sino el material circundante próximo al disco de acreción cuando se ve sometido a las fuerzas de estos monstruos. Hoy no hablaré de la tranquilidad que presentaban algunos cuásares cuando el universo estaba en pañales, sino más bien de cómo giran estas bestias cósmicas.

Para comenzar, recordemos que la materia que los rodea se encuentra a una temperatura extremadamente alta. Y es tal el giro que experimentan estos materiales que de vez en cuando se desestabilizan y parte son emitidos en forma de largos chorros o "jets" a lo largo del eje de rotación del cuásar. Y es este giro lo que nos interesa.

Gira y gira

La cuestión es: ¿la dirección del eje de giro es aleatoria o sigue algún patrón? Para dar respuesta a la pregunta, un equipo liderado por Damien Hutsemékers de l'Université de Liège (Bélgica) utilizó el instrumento FORS (Focal Reducer and low dispersion Spectrograph) instalado en el VLT (Very Large Telescope) para estudiar 93 cuásares dispuestos a lo largo de miles de millones de años luz cuando el universo tenía unos 4.500 millones de años, esto es, un tercio de la edad actual.

"Algunos de los ejes de rotación de los cuásares se alinean unos con respecto a otros, a pesar de que estos cuásares están separados por miles de millones de años luz", explica Hutsemékers. Pero el equipo de científicos fue más allá para ver si los ejes de rotación de los cuásares estaban vinculados no sólo entre ellos, sino con la estructura a gran escala del universo en aquel momento. Y el equipo llegó a la conclusión de que los ejes de rotación tienden a ser paralelos a las estructuras a gran escala en las que se encuentran.

Imagen 1: Impresión artística de los cuásares alineados con respecto a las estructuras que los albergan. Créditos: ESO/M. Kornmesser.

"Una correlación entre la orientación de los cuásares y la estructura a la que pertenecen es una importante predicción de modelos numéricos de evolución de nuestro universo. Nuestros datos proporcionan la confirmación de la primera observación de este efecto, a escala mucho mayor que lo que había sido observado hasta la fecha", explica Dominique Sluse del Argelander-Institut für Astronomie (Alemania).

Polarizando la luz

Pero todo esto tiene su punto de complicación porque el equipo no podía ver directamente ni los ejes de rotación ni los chorros de los cuásares. Entonces, ¿cómo lo hicieron? Tan sencillo y tan complejo como medir la polarización de la luz de cada cuásar, esto es, midiendo la dirección en la que oscilan las ondas electromagnéticas que emite el cuásar. Con esta técnica vieron que en 19 de los cuásares se daba esta polarización cuya dirección de oscilación podía utilizarse para deducir el ángulo del disco de acreción del agujero negro y, por lo tanto, la dirección del eje del giro del cuásar.

Imagen 2: Simulación muy detallada de la estructura a gran escala del universo. La distribución de materia oscura se muestra en azul y la distribución de gas en naranja. Está referida al estado actual del universo y se centra en un cúmulo de galaxias masivas simulando una región de 300 millones de años luz de diámetro. Créditos: Illustris Collaboration.

Estos resultados resuelven un aspecto referido a la orientación de eje de rotación de los cuásares, pero abre otras, tal y como afirma Sluse: "Las alineaciones en los nuevos datos pueden ser un indicio de que hay un ingrediente que falta en nuestros modelos actuales del cosmos".
Este trabajo de investigación ha sido presentado en el artículo titulado "Alignment of quasar polarizations with large-scale structures", por D. Hutsemékers et al. que aparece en la revista Astronomy & Astrophysics del 19 de noviembre de 2014.

El equipo de investigación está compuesto por D. Hutsemékers (Institut d’Astrophysique et de Géophysique/Université de Liège, Bélgica), L. Braibant (Institut d’Astrophysique et de Géophysique/Université de Liège, Bélgica), V. Pelgrims (Institut d’Astrophysique et de Géophysique/Université de Liège, Bélgica) y D. Sluse (Argelander-Institut für Astronomie, Alemania; Université de Liège, Bélgica).
Nota de prensa:

Artículo científico:

Referencias:

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30 de octubre de 2014

Cuásares tranquilos en el universo temprano


Hace mucho, mucho tiempo, cuando el universo todavía estaba en pañales, eran frecuentes los eventos de fusiones galácticas: dos o más galaxias cruzaban sus caminos desgarrando sus estructuras morfológicas dando paso a una maraña que nada tenía que ver con su aspecto inicial.
Producto de estas fusiones fueron gigantescos agujeros negros, del orden de miles de millones de veces la masa de nuestro sol. Debido a la atracción gravitatoria que generaban absorbían los gases de su entorno y como consecuencia, emitían energía. Cuando esto sucede, tenemos un cuásar.
Debido a que estos cuásares surgieron al principio de los tiempos, están tremendamente alejados de nosotros. Y se ha encontrado también, que estos monstruos tienen un pariente local mucho menos energético. Y esto desconcierta porque plantea varias cuestiones: ¿existen también a grandes distancias cuásares "tranquilos"? ¿son los segundos versiones ya apagadas de los primeros o se trata de objetos diferentes?

Imagen 1: Concepción artística de la región central de un cuásar. Créditos: JPL/NASA.
Viajando al pasado
Resulta que al observar estos cuásares alejados miles de millones de años luz, estamos viendo el aspecto del universo hace miles de millones de años.
"Los astrónomos siempre hemos querido comparar pasado y presente, pero esto ha resultado casi imposible porque a grandes distancias solo podemos ver los objetos más brillantes", explica Jack W. Sulentic, científico del IAA-CSIC (Instituto de Astrofísica de Andalucía) que encabeza la investigación. "Hasta ahora hemos comparado cuásares lejanos muy luminosos con los cercanos y débiles, lo que equivale a comparar las bombillas de casa con los focos de un estadio", añade.
¿Evolución o falta de potencia?
Los cuásares se comportan de un modo ciertamente caprichoso: según nos alejamos, los menos luminosos de nuestro entorno dejan paso a objetos cada vez más brillantes. ¿Esto se debe a un proceso evolutivo indicando que los cuásares se apagan con el tiempo? ¿O sencillamente se debe a falta de tecnología observacional?
Si la segunda pregunta es la que da la respuesta correcta todo hace indicar que los cuásares monstruosos, muchos ya extintos, conviven con una población tranquila que evoluciona a un ritmo mucho más pausado pero que todavía no hemos sido capaces de investigar.
Imagen 2: Cuásares fotografiados por el Telescopio Espacial Hubble. Créditos: J. Bahcall/M. Disney/NASA/IAS/University of Princeton/University of Wales.
Grandes problemas, grandes soluciones
Para resolver esta duda, el planteamiento es sencillo: buscar a grandes distancias cuásares de baja luminosidad y compararlos con los cuásares cercanos de la misma luminosidad.
A pesar de la sencillez del planteamiento, hasta ahora resultaba complicado llevarlo a cabo porque exige observar objetos unas cien veces más débiles que los que estamos acostumbrados a estudiar a esas distancias. Pero tenemos la herramienta para comenzar a investigar: el Gran Telescopio de Canarias.
Gracias a la resolución de este potente telescopio, Sulentic y su equipo han obtenido por primera vez datos espectroscópicos de cuásares distantes poco luminosos con la calidad necesaria para poder determinar sus parámetros esenciales, como su composición química, la masa del agujero negro central o el ritmo al que este va absorbiendo materia.
"Hemos podido confirmar que, en efecto, además de los cuásares muy energéticos y de evolución rápida, existe una población de desarrollo lento. Tanto, que no parece existir una fuerte evolución entre los cuásares de este tipo que vemos en nuestro entorno y aquellos que comenzaron a brillar hace más de diez mil millones de años", afirma Ascensión del Olmo, investigadora del IAA-CSIC que participa en el estudio.
Una importante diferencia
Una vez analizados los datos de estos cuásares tranquilos, el equipo de investigadores ha encontrado una diferencia relevante: "Los cuásares locales muestran una mayor proporción de elementos pesados, como aluminio, hierro o magnesio, que sus análogos distantes, lo que evidencia un enriquecimiento producido por el nacimiento y muerte de las sucesivas generaciones de estrellas", destaca Sulentic, lo que indica que los cuásares cercanos incorporan los elementos pesados generados en otras estrellas, mientras que los lejanos están compuestos por los elementos primordiales del universo.
La investigación ha sido publicada en un artículo científico en la revista Astronomy & Astrophysics bajo el título "GTC Spectra of z ≈ 2.3 Quasars: Comparison with Local Luminosity Analogues", por J.W. Sulentic et al.
El equipo que ha llevado a cabo la investigación está formado por J. W. Sulentic (Instituto de Astrofísica de Andalucía, España); P. Marziani (INAF-Osservatorio Astronomico di Padova, Italia); A. del Olmo (Instituto de Astrofísica de Andalucía, España); D. Dultzin (Instituto de Astronomía-UNAM, México); J. Perea (Instituto de Astrofísica de Andalucía, España) y C.A. Negrete (Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica, México).
Nota de prensa: 
Artículo científico:
Referencias:
- IAA-CSIC (Insituto de Astrofísica de Andalucía)
- GTC (Gran Telescopio de Canarias)
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