3 de diciembre de 2015

Despedida

Os tengo que dar dos noticias, e iré al grano...
  1. Esto es un adiós. El blog de "Los Pilares de la Ciencia" cierra sus puertas. Aunque sus contenidos seguirán permanentes para todos aquellos que los quieran consultar, el blog dejará de ser editado por una serie de motivos. Espero que hayáis disfrutado de estos casi cinco años y que hayáis aprendido de los contenidos que os he ofrecido.
  2. Nuevo blog. Pues los motivos del cierre de este blog no son otros que... ¡la apertura de un nuevo blog! Creo que es algo que LPDLC me pedía a gritos: una evolución. Y así ha sido. Y no ha sido fácil, pero al final se ha conseguido. La línea editorial, será similar a la de este blog, aunque haré mucho más hincapié en opiniones personales y habrá varias colaboraciones que ya iréis conociendo.
Bueno, pues no me quiero extender más. Os dejo con el nuevo blog:


¡Os espero! 

 

25 de noviembre de 2015

Así pierde masa una futura súpernova

Existen estrellas gigantes, súpergigantes e hipergigantes. Las últimas son las menos conocidas por las escasez de ellas, pero las hay. Es el caso de VY Canis Majoris: un auténtico Goliat estelar. Con una masa de entre 30 y 40 veces la del Sol y un tamaño que llegaría hasta la órbita de Júpiter la convierten en una de las estrellas más grandes de la Vía Láctea. Este enorme tamaño indica que está en los últimos estadios de su vida como estrella.

Imagen 1: Entorno que rodea a VY Canis Majoris. La estrella propiamente dicha está tras el disco negro utilizado ara enmascarar su luz. Créditos: ESO.

Pero parece ser que esta estrella estaba perdiendo masa a un ritmo más acelerado de lo normal, algo que inquietaba a los científicos y que querían darle explicación. Y para lograrlo la estudiaron con el instrumento SPHERE (Spectro-Polarimetric High-contrast Exoplanet REsearch) del VLT (Very Large Telescope). Las primeras imágenes revelaron cómo la brillante luz de VY Canis Majoris iluminaba las nubes de material de su entorno.

Haciendo un estudio más exhaustivo pudieron analizar con mayor profundidad el interior de estas nubes de gas y polvo, y además, vieron como la luz de las estrellas era dispersada y polarizada por el material circundante, algo clave para determinar el tamaño del polvo de la nube, que se tasó en 0,5 micras, un tamaño unas 50 veces mayor de lo esperado para tratarse de medio interestelar.

Imagen 2: Campo que muestra el cielo alrededor de la estrella VY Canis Majoris. Está situada en el centro de la imagen, que también incluye las nubes de gas resplandeciente rojo hidrógeno, nubes de polvo y el cúmulo brillante estrella alrededor de la brillante estrella Tau Canis Majoris hacia la parte superior derecha. Créditos: ESO/Digitized Sky Survey 2.

“Cuando estas estrellas se acercan a sus últimos días, pierden una gran cantidad de masa. En el pasado sólo podíamos teorizar acerca de cómo sucedía, pero ahora hemos encontrado grandes granos de polvo alrededor de esta hipergigante. Son lo suficientemente grandes como para ser lanzados lejos por la intensa presión de radiación de la estrella, lo cual explica su rápida pérdida de masa”, explica Peter Scicluna, de la Academia Sínica (Taiwán) y autor del artículo que expone la investigación.

Cuando esa estrella llegue a su final, la tremenda supernova que producirá podrá ser vista en la constelación del Can Mayor, y su luz competirá con la de la Luna llena. Eso sí, seguramente falten unos cientos de miles de años para que eso suceda,o ¿quién sabe? Quizás ocurra antes...
Esta investigación se ha presentado en la revista Astronomy & Astrophysics en un artículo titulado “Large dust grains in the wind of VY Canis Majoris” (P. Scicluna et al., 2015, A&A; arXiv:1511.07624)
Artículo científico:

Referencias:

Agradecimientos:
- Davide De Martin

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24 de noviembre de 2015

Los gases del sistema solar primitivo

La sonda NEOWISE (NEO-Wide field Infrared Survey Explorer) (NASA) ha observado desde su lanzamiento en 2009 un total de 163 cometas, lo que representa el mayor sondeo de cometas en el infrarrojo realizado hasta la fecha. Los datos recopilados están aportando nuevos conocimientos sobre las tasas de producción de gases difíciles de observar desde la Tierra, como el dióxido de carbono y monóxido de carbono.

Esta dificultad de observación viene dada por la abundancia de estas dos moléculas en nuestra propia atmósfera ya que enmascara la señal procedente del espacio. Como la sonda NEOWISE está muy por encima de la atmósfera, hace posible realizar de forma precisa mediciones de emisiones de estos gases en los cometas.

Imagen 1: Vista ampliada del cometa C/2006 W3 (Christensen) observado por la sonda WISE el 20 de abril del 2010. Créditos: NASA/JPL-Caltech.

Mientras que el acercamiento de los cometas al Sol impulsa la sublimación del hielo de agua en los cometas, a distancias más grandes y temperaturas más frías, son las moléculas como el monóxido de carbono o el dióxido de carbono las que pueden ser las principales fuentes de actividad cometaria. Estas dos moléculas eran comunes en el sistema solar primitivo y parte de los gases que formaban fueron confinados por los cometas en su interior, estando presentes desde entonces.

"Es la primera vez tenemos una gran evidencia estadística de monóxido de carbono saliendo en forma gaseosa de un cometa cuando se está alejado del Sol," explica James Bauer, investigador principal adjunto de la misión NEOWISE en el JPL (Jet Propulsion Laboratory) de la NASA en Pasadena (Estados Unidos) y autor del artículo que expone la investigación. "El hecho de haber emitido cantidades importantes de monóxido estando alejado más de cuatro unidades astronómicas del Sol -unos 600 millones de kilómetros- nos muestra que los cometas pueden haber guardado la mayor parte de los gases cuando se formaron", añade.

De esta manera, la presencia de esos gases hace que los cometas sean considerados, todavía más, las cápsulas del tiempo del sistema solar primitivo. Observarlos es observar la composición del sistema solar en sus primeros tiempos.
El artículo que recoge esta investigación fue publicado en la revista Astrophysical Journal bajo el título "The NEOWISE-Discovered Comet Population and the CO+CO2 production rates" (James M. Bauer et al., 2015, ApJ 814 85)

El equipo que ha llevado a cabo la investigación está formado por James M. Bauer (Jet Propulsion Laboratory, California Institute of Technology, Estados Unidos; Infrared Processing and Analysis Center, California Institute of Technology, Estados Unidos), Rachel Stevenson (Jet Propulsion Laboratory, California Institute of Technology, Estados Unidos), Emily Kramer (Jet Propulsion Laboratory, California Institute of Technology, Estados Unidos), A. K. Mainzer (Jet Propulsion Laboratory, California Institute of Technology, Estados Unidos), Tommy Grav (Planetary Science Institute, Estados Unidos), Joseph R. Masiero (Jet Propulsion Laboratory, California Institute of Technology, Estados Unidos), Yan R. Fernández (Department of Physics, University of Central Florida, Estados Unidos), Roc M. Cutri (Infrared Processing and Analysis Center, California Institute of Technology, Estados Unidos), John W. Dailey (Infrared Processing and Analysis Center, California Institute of Technology, Estados Unidos), Frank J. Masci (Infrared Processing and Analysis Center, California Institute of Technology, Estados Unidos), Karen J. Meech (Institute for Astronomy, University of Hawaii, Estados Unidos; NASA Astrobiology Institute, Institute for Astronomy, University of Hawaii, Estados Unidos), Russel Walker (Monterey Institute for Research in Astronomy, Estados Unidos), C. M. Lisse (Applied Physics Laboratory, Johns Hopkins University, Estados Unidos), Paul R. Weissman (Jet Propulsion Laboratory, California Institute of Technology, Estados Unidos), Carrie R. Nugent (Jet Propulsion Laboratory, California Institute of Technology, Estados Unidos), Sarah Sonnett (Jet Propulsion Laboratory, California Institute of Technology, Estados Unidos), Nathan Blair (Infrared Processing and Analysis Center, California Institute of Technology, Estados Unidos), Andrew Lucas (Infrared Processing and Analysis Center, California Institute of Technology, Estados Unidos), Robert S. McMillan (Lunar and Planetary Laboratory, University of Arizona, Estados Unidos), Edward L. Wright (Department of Physics and Astronomy, University of California, Estados Unidos) y los equipos de WISE y NEOWISE.
Artículo científico:

Referencias:

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18 de noviembre de 2015

Cuando nacen los monstruos

¿Cuándo nacieron las primeras galaxias masivas? Es una pregunta que se han preguntado los astrónomos desde hace tiempo. El hecho de observar las galaxias masivas más antiguas podría resultar sencillo debido a que son objetos muy brillantes en comparación con los demás objetos del universo lejano, pero es muy complicado ya que se encuentran en escaso número. De hecho, resulta más sencillo encontrar galaxias lejanas pequeñas y mucho más fáciles, precisamente porque que son mucho más numerosas.

Un estudio liderado por Karina Caputi del Instituto de Astronomía de Kapteyn en la Universidad de Groningen (Países Bajos) ha intentado dar respuesta a la pregunta de cuándo nacieron estos monstruos galácticos. Para ello han utilizado imágenes combinadas del telescopio espacial Spitzer y del sondeo ultraVISTA, uno de los seis proyectos que está realizando VISTA (Visible and Infrared Survey Telescope for Astronomy) con el objetivo de hacer un censo de galaxias débiles cuando el universo estaba entre los 750 y los 2.100 millones de años.

Imagen 1: Campo de visión del sondeo ultraVISTA. En rojo aparecen las galaxias masivas recién descubiertos. Créditos: ESO/UltraVISTA team.

Más de 500

El equipo de investigadores liderado por Caputi ha sacado a la luz un gran número de galaxias lejanas que habían escapado a sondeos anteriores. "Descubrimos 574 galaxias masivas nuevas, la muestra más grande de este tipo de galaxias ocultas del universo temprano jamás reunida", explica Caputi.

Los astrónomos descubrieron que las galaxias masivas de aquella época eran más abundantes de lo que se había pensado. Las nuevas galaxias descubiertas suponen la mitad del número total de galaxias masivas presentes cuando el universo tenía entre 1.000 y 1.500 millones años, un dato que contradice los modelos actuales de evolución de galaxias en el universo temprano, que no predicen la existencia de este tipo de monstruosas galaxias en esas épocas tempranas.

Imagen 2: Algunas de las galaxias recién descubiertas, en primer plano marcadas con dos líneas perpendiculares. Créditos: ESO/UltraVISTA team.

"No encontramos evidencia de la presencia de estas galaxias masivas antes de unos 1.000 millones de años después del Big Bang, así que estamos seguros de que las primeras galaxias masivas debieron formarse en esos momentos”, concluye Henry Joy McCracken, coautor del artículo.

Cambiando las reglas del juego

Como estas nuevas galaxias están cambiando las reglas del juego que los astrónomos consideraban, el conjunto ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array) echará una mano en las observaciones. También están a la espera del E-ELT (European Extremely Large Telescope), que también será de gran ayuda, pero para éste, todavía tendremos que esperar un poco...
Esta investigación fue publicada en la revista Astrophysical Journal bajo el título "Spitzer bright, ultraVISTA faint sources in cosmos: The contribution to the overall population massive galaxies at z=3-7" (K.I. Caputi et al, 2015, ApJ 810:73)

El equipo que ha llevado a cabo la investigación está compuesto por Karina I. Caputi (Kapteyn Astronomical Institute, University of Groningen, Países Bajos), Olivier Ilbert (Laboratoire d'Astrophysique de Marseille, Aix-Marseille University, Francia), Clotilde Laigle (Institut d'Astrophysique de Paris, Francia), Henry J. McCracken (Institut d'Astrophysique de Paris, Francia), Olivier Le Fèvre (Laboratoire d'Astrophysique de Marseille, Aix-Marseille University, Francia), Johan Fynbo (Dark Cosmology Centre, Niels Bohr Institute, Dinamarca), Bo Milvang-Jensen (Dark Cosmology Centre, Niels Bohr Institute, Dinamarca), Peter Capak (NASA/JPL Spitzer Science Centre, California Institute of Technology, Estados Unidos), Mara Salvato (Max-Planck Institute for Extragalactic Physics, Alemania) y Yoshiaki Taniguchi (Research Center for Space and Cosmic Evolution, Ehime University, Japón).
Artículo científico:

Referencias:

Agradecimientos:
- TERAPIX/CNRS/INSU/CASU

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