12 de junio de 2013

Precisión suiza

Normalmente, los grandes descubrimientos astronómicos se suelen hacer con grandes telescopios desde tierra o con sofisticados instrumentos desde el espacio. Entre otras cosas porque resulta difícil llegar a resultados de alta precisión con telescopios pequeños. Pero si a un telescopio pequeño (profesionalmente hablando) le añades un instrumento de muy alta precisión, los resultados pueden llegar a ser sorprendentes. Y eso es lo que ha ocurrido esta vez.

Precisión suiza

Para un astrónomo aficionado, un telescopio de 1.2 metros de diámetro puede ser realmente grande, pero para astrónomos profesionales, se trata de un telescopio bastante pequeño. Es el caso del telescopio suizo Euler, instalado en el Observatorio de La Silla de ESO en Chile.
Imagen del telescopio suizo Leonard Euler en su cúpula del Observatorio de La Silla. Creditos: ESO/H.Zodet

Un equipo suizo del Observatorio de Ginebra ha venido realizando un programa de observación prolongado durante siete años desarrollando una instrumentación altamente precisa, llegando al doble de precisión que la obtenida en estudios comparables realizados con otros telescopios.

Nueva estrella variable

Con un telescopio modesto pero con un instrumento altamente preciso, este equipo liderado por Nami Mowlavi ha descubierto un nuevo tipo de estrella variable midiendo las variaciones en el tiempo del brillo estelar. Para ello se han basado en medidas regulares de brillo en más de 3000 estrellas del cúmulo abierto NGC 3766 situado a unos 7000 años luz en la constelación de Centaurus.

Imagen del cúmulo abierto NGC 3766, en la constelación de Centaurus. Créditos: ESO.

De las estrellas analizadas, 36 de ellas siguen un patrón inusual, variando un 0.1% del brillo normal de las estrellas con una período comprendido entre 2 y 20 horas. Estas estrellas son algo más calientes y brillantes que el Sol.

Estas variaciones de brillo tan minúsculas se han conseguido gracias al nivel de sensibilidad alcanzado, unido a la alta calidad de las observaciones y un meticuloso análisis de los datos. Pero no lo es todo. Mowlavi afirma que "hemos desarrollado un extenso programa de observación que ha durado 7 años". Seguramente en un telescopio más grande, y por lo tanto, más solicitado, no habrían podido realizar tantas observaciones como les hubiese gustado.

Astrosismología y variabilidad

La variabilidad de estas estrellas dependen de complejos procesos que se dan en su interior. Para estudiarlos, se ha creado una nueva rama derivada de la astrofísica: la astrosismología. Gracias a esta nueva disciplina, los científicos pueden "escuchar" el interior de la estrella, relacionarlo con el resto de sus propiedades físicas y ver más claramente qué es lo que sucede para que tengan estas variaciones en su brillo.

Este nuevo tipo de estrella variable es todo un reto para los astrofísicos. Según Sophie Saesen, miembro del equipo, "los actuales modelos teóricos predicen que su brillo no debería variar periódicamente". Con esto se establece un nuevo objetivo para los astrofísicos con el fin de saber más sobre el extraño comportamiento de estas nuevas estrellas.
Mapa de la constelación austral de Centaurus. El brillante cúmulo estelar NGC 3766 está señalado con un círculo rojo. Es un objeto brillante que incluso puede atisbarse a simple vista en una noche oscura. Si se observa con un telescopio de aficionado de tamaño medio resulta espectacular. Créditos: ESO, IAU and Sky & Telescope

Pero ya hay alguna pista para explicar este comportamiento, y es que algunas de las estrellas que cumplen esta nueva variabilidad parecen rotar muy rápido. Es más, giran a más de la mitad de la velocidad conocida como "velocidad crítica", que es a partir de la cual la estrella se vuelve inestable y lanza material al exterior debido a las fuerzas que se generan.

"El rápido giro tendrá un importante impacto en las propiedades internas, pero aún no somos capaces de modelar adecuadamente sus variaciones", explica Mowlavi.

Si utilizando un equipo relativamente pequeño pero acoplándole un instrumento extremadamente sensible, supone un avance significativo en la carrera de aumentar la precisión de la instrumentación. Y esto no solo tendrá impacto en astrofísica, sino también en medicina, biología o geología.

Por cierto, esta nueva clase de estrellas variables aún no ha sido bautizada. ¿Alguien se anima a ponerle nombre?
NOTA: Este estudio fue presentado en el artículo “Stellar variability in open clusters I. A new class of variable stars in NGC 3766”, por N. Mowlavi et al., publicado en la revista Astronomy & Astrophysics el 12 de junio de 2013.

El equipo está compuesto por N. Mowlavi, F. Barblan, S. Saesen y L. Eyer. Los cuatro autores trabajan en el Observatorio de Ginebra, en Suiza.
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