25 de septiembre de 2015

El velo del cisne

Se llama así debido a sus delicadas estructuras filamentosas como si de un dosel se tratara y es una de las más conocidas remanentes de supernovas. Hablo, cómo no, de la nebulosa del Velo. Esta bella formación se produjo a raíz de la muerte violenta de una estrella cuya masa era unas 20 veces la del Sol hace unos 8.000 años y la podemos encontrar a una distancia de 2.100 años luz en dirección a la constelación de Cygnus.

Imagen 1: Pequeña sección de la Nebulosa del Velo, que forma parte de una estructura más grande conocida como NGC 6960, o más coloquialmente, nebulosa de la Escoba de Bruja. Créditos: NASA, ESA, Hubble Heritage Team.

En 1997, el instrumento WFPC2 (Wide Field and Planetary Camera 2) a bordo del telescopio espacial Hubble (NASA/ESA) fotografió la nebulosa del Velo proporcionando detalladas vistas de sus estructuras. Ahora, componiendo estas imágenes con las obtenidas por el instrumento WFC3 (Wide Field Camera 3), también a bordo del Hubble, se ha obtenido una imagen con mayor detalle que permite a los científicos estudiar hasta qué punto la nebulosa se ha expandido en los últimos 18 años.

Los astrónomos creen que antes de estallar la estrella produjo un fuerte viento estelar formando una especie de burbuja. Los brillantes filamentos no son otra cosa que el producto de la interacción de la onda expansiva de la supernova con las zonas más densas del borde de esta burbuja, mientras que los más débiles son generados por regiones casi desprovistas de material.

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